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Las placas de cocina eléctricas y el horno pueden usarse de manera que puedas ahorrar un poco de electricidad. Para ello debes entablar una estrecha relación con tu nuevo amigo: el calor residual. El calor residual es lo que queda cuando apagas las placas o el horno. Siguen calientes un bueno rato y ese calor, aunque no tan intenso, se puede usar también para cocinar.

El calor residual es fantástico pero no sirve para todo. Por ejemplo, no sirve para freir. Freir es cocinar a alta temperatura con aceite. Si el aceite no tiene la temperatura adecuada no solo los alimentos no van a quedar crujientes sinó que además van a absorber más aceite y eso no es bueno. Así que ni se te ocurra acabar una fritura con el fuego bajo.

¿Para qué sirve el calor residual? Para acabar sofritos y salsas, guisos, verduras al horno… También sirve para calentar un poco una preparación. Pongamos que has preparado una cena con unos amigos. Para no estresarte uno de los platos lo has preparado el día antes (en general los platos de carne con salsa quedan más sabrosos de un día para otro) y el primer plato son unas verduras al horno. Antes de empezar a cortar las verduras, saca el plato principal de la nevera, prepara las verduras al horno y cuando les falte un poco para estar al punto, pon el plato principal en el horno y apágalo.

Hay que tener en cuenta que cada horno es un mundo y que lo del calor residual, como casi todas las cosas importantes en esta vida, requiere de paciencia y de práctica. El éxito de la operación va a depender de tu horno, del tipo de platos que quieras cocinar y calentar, del tamaño de la fuente, de si es honda o plana… Pero no desfallezcas, al final, el calor residual y tú vais a tener una larga y fructífera relación, ya verás.

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