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Miramos muy poco hacia el cielo. Puede que sea por eso que también miramos poco la campana de la cocina y luego pasa que cuando lo hacemos nos damos cuenta de los chorretones de grasa que hay incrustados. Y nos asalta una duda casi existencial ¿cómo hemos llegado hasta aquí?

Lavar una campana muy sucia es un tostón, pero hacer un lavado de mantenimiento frecuente es fácil y rápido. Después de cocinar, con un paño humedecido con desengrasante podemos limpiar la campana. ¿Cada vez? Pues sí, cada vez, porque son dos minutos y ya está y lo que te ahorras después lo vale.

Una vez a la semana… vale, cada dos semanas… quita las rejillas y rocíalas con desengrasante. Mientras dejas que actúe, lava el interior de la campana y el exterior. Ten mucho cuidado con el motor. Acabar de limpiar las rejillas es un poco complicado pero si tienes un cepillo pequeño es más fácil. Límpialas a fondo y acláralas bien y déjalas secar del todo.

Listo. No lo hemos cronometrado pero contamos que más o menos con una hora a la semana… vale, vale, cada dos… es suficiente y tu campana va a seguir aspirando los humos que tiene que aspirar.

2 comentarios “Las campanas de cocina, esas grandes desconocidas

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